Evolucionismo
El positivismo, como
método de aplicación al estudio de los fenómenos sociales, se limita
básicamente al dominio de lo manifiesto, la observación y descripción de lo
observado, la explicación y la pretensión de predictibilidad son ejes centrales
de esta concepción. El positivismo, fundado por Comte, estableció una nueva
forma de aproximarse a los fenómenos sociales: empírica, experimental e
inductiva. Comte decía que positivo significaba lo real frente a lo fantástico.
Lo real era lo dado por la experiencia; también significaba lo útil frente a lo
ocioso, lo preciso frente a lo indefinido, lo constructivo frente a lo
destructivo y, por último, lo relativo frente a lo absoluto, ya que era
conocimiento de los fenómenos y no de las esencias.
La ciencia se apoyaba
en una metodología general de tipo inductivista, para la cual los hechos
singulares son conocidos por la observación y la experimentación. Por vía
inductiva se pueden llegar a establecer leyes que no explican los fenómenos
sino que describen las regularidades observables en los mismos. La ciencia,
para el positivismo, tiene un carácter instrumental; es valiosa porque sirve a
la técnica y a la industria.
La antropología surge
en el marco de esta concepción, la de una única evolución histórica y una única
cultura: la de Occidente.
La
antropología y el evolucionismo
La
secuencia evolutiva salvajismo, barbarie y civilización que explicaba el desarrollo de la razón humana en las
ideas de los filósofos, fue retomada por los antropólogos para explicar la
evolución de la cultura. Al igual que las ciencias naturales, la antropología
confió en descubrir relaciones constantes entre los aspectos socioculturales,
como lo hacían aquellas con los fenómenos de la naturaleza.
El
aporte de la teoría de la evolución biológica a la antropología fue certero,
arrojó luz sobre su objeto: el Hombre.
Las
ideas principales
El
evolucionismo contestó a la pregunta sobre las semejanzas y diferencias de los
hombres a través del concepto de progreso,
explicando la historia como un proceso natural. Propuso el estudio del Hombre
como una totalidad, donde cada una de sus partes podía entenderse bajo el
siguiente criterio: el hombre como especie era el resultado de la evolución
biológica, como el resto de los seres vivos. Era un eslabón más de una cadena
de organismos, pero un organismo que se completaba con un atributo particular:
la cultura, que se desarrollaba a través del tiempo en diferentes grados de
evolución o progreso: la evolución
cultural.
Ambas
partes de la dualidad humana, la naturaleza y la cultura, eran entendidas por
los evolucionistas como una continuidad. Para Tylor la cultura comenzaba en el hombre cuando la naturaleza había
concluido su obra. La cultura era el producto de las transformaciones de la naturaleza
en el tiempo. Pero se trataba de un producto distinto de cualquier otro que la
naturaleza hubiese generado en su evolución. La cultura era un producto
“superior”, dependiente de las propiedades de la mente humana. Por lo tanto, el
estudio de la cultura podía realizarse bajo las mismas premisas que el ámbito
natural.
La
teoría evolucionista partía de tres premisas sobre el hombre:
- Unidad psicobiológica de la especie humana: todos
los hombres pertenecen a una sola especie, Homo Sapiens.
- El hombre es un ser dual: es al mismo tiempo un ser
biológico y un ser cultural.
- A igual especie, corresponde una sola cultura con
diferencias de grado.
La cultura humana es
una sola y los diversos pueblos o formas de vida conocidos, representan
momentos, en una escala de progreso donde cada escalón en ascenso constituye un
grado mayor de cultura.
El evolucionismo
postula una ley universal sobre el progreso humano y de esta manera explica las
diferencias y semejanzas entre los hombres y la llamó ley del progreso universal. La idea es que el progreso humano es lineal
porque existe un único camino posible a recorrer; es acumulativo porque el conocimiento genera otros nuevos; es inevitable porque tarde o temprano hay
que transitarlo; y es unidireccional
porque se dirige a la misma meta.
En esta teoría, las
diferencias culturales eran sólo cuestión de tiempo. La antropología aparecía
bendiciendo científicamente las transformaciones que la expansión colonial
imponía en las sociedades dominadas. Pero no estudiaron todas las sociedades,
solo las no-occidentales y no se ocuparon de todos los aspectos de la cultura,
sino que dieron prioridad a algunos de ellos: las creencias en Tylor y las
instituciones en Morgan.
El
método
Los
datos para el estudio de la cultura procedían en general de dos fuentes: los
conocimientos cada vez más amplios sobre la prehistoria de Europa y la
creciente información de los viajeros, funcionarios y misioneros acerca de las
costumbres y creencias de los pueblos no occidentales. Con el método comparativo se propusieron
llenar las lagunas existentes en los conocimientos disponibles de la historia
universal. La base del método era el supuesto de que los diferentes sistemas
socioculturales que podían observarse en el presente tenían cierto grado de semejanza
con las diversas culturas desaparecidas.
Lewis
Morgan (1818 - 1881)
Morgan
sostenía que la humanidad había recorrido un único camino de progreso: había
partido de una etapa primigenia, el salvajismo,
donde el hombre había tenido que inventarlo todo. Luego, con el surgimiento del
sedentarismo había llegado a la barbarie.
Por último, con la invención de la escritura fonética había llegado al grado
máximo de desarrollo humano: la civilización.
Distinguía dos lógicas evolutivas, la de
los inventos y descubrimientos y la de las instituciones. En la primera,
los hombres progresaban con la invención de elementos de mayor eficacia en el
dominio sobre la naturaleza y la progresión era geométrica, pues a medida que
se inventaban elementos nuevos, éstos eran la base de los siguientes. Pero como
el hombre es un ser social, su evolución no podía explicarse solamente desde
las cosas materiales, las instituciones estuvieron presentes desde el principio
en estado germinal. Una de las instituciones de las que se ocupó fue la
familia, para él evolucionaba en este sentido: promiscuidad sexual entre los miembros de la horda primitiva / familia
consanguínea / familia punalúa / familia sindiásmica / familia patriarcal o
poligínica / familia monógama.
Edward
Tylor (1834 - 1917)
Fue
el primero en elaborar, en el año 1871, una definición de cultura: “la cultura
o civilización en sentido etnográfico amplio es aquel todo complejo que incluye
el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y
cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto
miembro de la sociedad”. Sostiene que en gran medida el comportamiento humano
obedece a causas naturales y concretas, por lo tanto todo lo que la cultura
tiene de uniformidad entre los hombres debe ser atribuido a causas uniformes.
El supuesto que habla sobre la unidad psicobiológica de la especie garantiza
que los hombres generen iguales respuestas ante las mismas condiciones. Y todo
lo que la cultura presenta de diverso, debe considerarse como manifestaciones
de distintos grados de evolución.
Puso
especial interés en demostrar la evolución en el campo de la religión. La misma
se habría originado en el animismo
(creencia en que los objetos de la naturaleza tienen alma) luego habrían surgido
los sistemas politeístas (creencia
en varias deidades) y finalmente, en la civilización, aparece el monoteísmo (creencia en un solo dios),
versión culminante de la religiosidad humana. Considera a la civilización como
el momento máximo del desarrollo humano y al imperio británico su mejor
ejemplo.
Tylor
elaboró el concepto de supervivencias
para explicar aquellos fenómenos culturales originados en épocas pasadas y que
seguían vigentes en la sociedad europea del siglo XIX. Es decir que se
consideraba que no habían evolucionado como se esperaba en consonancia con el
resto de la cultura y los tiempos.
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